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Martes, 8 de mayo del 2018
La hotelería pampeana en crisis por las altas tarifas

La situación ha desbordado y lleva a que las autoridades de la Asociación Empresaria Hotelera Gastronómica de La Pampa (Aehglp), manifiesten “la profunda preocupación que existe entre sus asociados, por el incremento desmedido en la tarifa de luz eléctrica: algunos establecimientos han sufrido incrementos superiores al 300% en tan solo 6 meses, otros directamente concentran su preocupación en cómo llegar a pagar boletas de luz superiores a $50.000 y $100.000”, puntualizan.

Orfelia Beascochea, dirigente de la entidad, le dijo a este diario que “estamos viviendo una situación de crisis extremadamente profunda que no permite mantener los miles de empleos que genera nuestro sector, y que además obliga al análisis permanente sobre sostener o cerrar los establecimientos”.

Sin rentabilidad

Lo cierto, más allá que la dirigente prefirió no decirlo, es que algunos propietarios están trabajando “al costo” como para “mantenerse”, y otros directamente están pensando en vender, en desprenderse de sus emprendimientos. En tanto, y aunque tampoco manifiestan críticas, esperan alguna señal de las autoridades provinciales, un interlocutor que escuche cuál es el estado de situación.

“No sé si hay quienes se desprendieron de empleados, pero lo cierto es que si alguno se va no se lo reemplaza”, agregó.

La dirigencia empresaria venía manifestando la imposibilidad de absorber los impactantes aumentos, en un contexto de sostenida caída del consumo, incrementos en insumos y otros servicios públicos, además de la gran presión tributaria y, también, el aumento de la oferta informal.

Rutas e incendios

Se puede señalar que la actividad hotelera gastronómica de La Pampa viene de sufrir varios años de estancamiento como consecuencia de la caída del movimiento turístico interno, y de una paridad cambiaria o retraso cambiario que invita a visitar destinos extranjeros antes que favorecer destinos locales.

Beascochea sumó como punto en contra que “durante 2017 se produjo un aislamiento provocado por el corte en varios tramos de importantes accesos, como las rutas nacionales números 5 y 35, principalmente, como resultado de las incesantes lluvias y consecuentes inundaciones”. Y por si no fuera suficiente vino después “la situación de incendios que durante todo el verano azotaron a la región, y que terminaron de truncar el único bimestre de temporada alta… en esos casos los turistas ante los infortunios eligen por seguridad esquivar nuestra provincia”, advirtió.

Incremento de costos

Los hoteleros y gastronómicos señalan que “a esta situación extrema que significa nada menos que una caída brutal de la demanda, debe sumarse el incremento desmedido de costos, ya sea por ajuste de tarifas, por inflación, por exceso de demanda o por escasez, que con la actual situación resultan imposibles de trasladar, en ningún porcentaje, al precio del servicio”.

Por si no alcanzara se debe hacer frente a “la incesante carga impositiva: cada $100 que paga el cliente consumidor de hotelería-gastronomía, $40 pesos son impuestos.

Explicó Beascochea que “la situación impositiva amerita un párrafo aparte. La creación de nuevos impuestos, subas de alícuotas, y la no adecuación de parámetros de cálculo de ciertos impuestos al contexto inflacionario, son algunos de los elementos que explican que la presión tributaria argentina se encuentre hoy en niveles máximos históricos. Duplica la que existía hace 13 años”, precisó.

En ese sentido hizo referencia al “Estudio Integral de la Carga Tributaria Argentina sobre el Sector de Restaurantes y Hoteles”, elaborado por el Instituto Argentino de Análisis Fiscal (Iaraf), indica que la recaudación tributaria consolidada prácticamente es del 37% del PBI, cuando en 2002 apenas superaba el 18%. A nivel consolidado, la carga tributaria argentina termina representando cerca del 40% del precio al consumidor de los servicios de restaurantes y hotelería.

“Lo cierto es que resulta imposible seguir afrontando el incremento desmedido en la tarifa de luz eléctrica, concluyó la empresaria hotelera.

La ocupación, regular

Por lo que expresó Beascochea, algunos números que suelen presentarse habitualmente como auspiciosos, en cuanto a la ocupación hotelera, no siempre se condicen con la realidad.

Beascochea precisó que el año anterior, al momento de efectuarse el balance, se constató que cerró con una ocupación promedio de alrededor del 45%, con meses de enero y febrero 10 puntos por encima -“son los meses de temporada alta”, aclaró-, como casi siempre sucede en esa época. Esto haría prever un 2018 crítico con una ocupación menor al 35%, dado que ya durante el pasado mes de febrero la ocupación rondó solo el 45%, 10 puntos por debajo de lo habitual. “Como se ve muy lejos de los anuncios de diversa índole que mencionan ocupaciones mayores al 80%, y que en realidad sólo se refieren a determinados fines de semana durante el año, y que por error suelen anualizarse”, dejó en claro la presidenta de la Asociación Hotelera.

Agregó que “estos promedios se agravan si consideramos la ocupación sobre la base de plazas disponibles, donde el porcentaje caería prácticamente a la mitad”, lo que “estaría dando la pauta de la capacidad ociosa que, con los índices actuales, posee la hotelería de la ciudad”.